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jueves, 23 de abril de 2015

jueves, 26 de marzo de 2015

Formas del cuerpo en el vacío - Atelier de Moulage - Bruselas

http://www.kmkg-mrah.be/fr/atelier-de-moulage-0 

Hace dos siglos,  cuando viajar no era tan fácil como ahora,  los grandes museos abrieron los llamados “Talleres de moldes”, que se encargaban de hacer reproducciones de las más bellas esculturas de todos los tiempos.  Los museos se intercambiaban estos moldes, que al principio se realizaban a partir de la escultura original (la mano del artesano sobre la forma milenaria original)  y con ellos se conseguía luego una reproducción casi exacta,  que a la vez era única, ya que implicaba un acabado manual. Estas esculturas pasaban a formar parte de sus colecciones y se exponían para los visitantes.  Así, uno podía ver el David de Miguel Angel, la Venús de Milo o el busto de Nefertiti, sin moverse de su ciudad. Con el tiempo,  estas esculturas fueron perdiendo su valor, por considerar que eran al fin y al cabo, solo copias.    

En los edificios del Cincuentenario, al otro lado del Museo de la Guerra,  está el “Atelier de Moulages” de Bruselas. Una nave gigantesca repleta de filas de anaqueles de madera que alcanzan hasta el techo,  donde se conservan los moldes originales  de más de 4000 esculturas. Las más bellas estatuas de Grecia y Roma, los iconos sagrados de Egipto, los ciervos del Renacimiento, las ninfas de las fuentes de la Edad Media… 
Cada uno de esos moldes, que permanecen amontonados sobre las estanterías, ennegrecidos por el tiempo, como ruinas informes,  atesora el espacio de una forma, de un cuerpo que existió hace cientos de años.  Una curvatura de cadera, la línea delicada de unos labios, la languidez de una mano tendida hacia el saludo, el abismo en la mirada del existir. 
En cada uno de ellos retumba la huella del vacío que deja un cuerpo en el espacio, el hueco que contiene la belleza, el intervalo en el tiempo. Los contornos que recogen la línea divisoria,  el territorio, las formas de la materia… Presencias latentes en las estanterías en espera a cobrar vida, una y otra vez.

De mi personaje Lisa en Brussels Umbrellas


martes, 17 de marzo de 2015

Torpe en las maneras

I.                                                                                    
Torpe en las maneras
de las manos de carga,
en la ordenación 
del tiempo, amanece
estatua. 

II.
Silencio, tierra seca
viene – la esperanza.
Fuera no hay
                       barreras.

III.
Imita el traje de los árboles,
recolecta semillas para el invierno,
acoge el vacío –origen–
deja hueco.

IV.
Recoge los ovillos,
los hilos sueltos –boca
de la boca– Verde.

V.
Herida de nacer
mana la fuente. 

jueves, 29 de enero de 2015

Taínaron - Katerina Iliopoulou

Vuelve el viento de Grecia con la música y la luz...

Taínaron [1]                                                               
La poeta griega Katerina Iliopoulou

Aquí los días no se disuelven en el aire
caen en el agua
formando su propia capa
una superficie de separación.
Un halcón sobrevuela el cuerpo del verano
se sumerge una y otra vez
alimentándose y embriagándose por la caída.                       
No hay nada aquí
solo un viento de locos y piedras 
y mar
una promesa al azar
afila nuestra lujuria con el filo de la luna.

Cuando llegué por vez primera a este paisaje de final
el viento entro en mi boca con furia
como si yo fuera su único recipiente      
hasta que todas mis palabras desaparecieron.

Cada árbol recibe el viento de manera distinta
algunos sufren otros resisten
(encontré una palmera que daba a luz al viento y lo distribuía
en todas las direcciones)
otros tiemblan de arriba abajo y cambian de color.
Yo por supuesto no soy un árbol
me senté y llevaba puesto el viento como un abrigo
incliné la cabeza y miré hacia la tierra
de entre sus grietas, las raíces del tomillo
con sus jeroglíficos se esforzaban para alcanzar la luz
entonces las palabras volvieron.



A la poeta Katerina Iliopoulou he tenido el placer de conocerla porque hacemos pareja en una maravillosa antología de poetas y escritoras europeas que se publicará próximamente... Katerina coordina el sitio web greekpoetrynow.  
La traducción del poema es mía, a partir de una versión en inglés de Jonh O'Kane. 





[1] El cabo Taínaron o cabo Ténaro  está situado en el extremo sur de Grecia, en el Peloponeso.  Aparece en la mitología como emplazamiento de santuarios de varios dioses e incluso puerta de estrada a la laguna Estigia. 

martes, 20 de enero de 2015

Entre hoy y el otro día hay una muerte

    A mi querida amiga Paloma Sancho, in memoriam
   (que nació un 20 de enero como hoy y sigue viva en mí)

Entre hoy y el otro día hay una muerte
I.
Todavía recuerdo el calor de tu mano
el calor que protege
del miedo y de la escarcha.

Quería que supieras
que estaba allí contigo,
 no dejarte marchar.

Pero tú ya empezabas a irte,
como una flor desprendida del tallo
baja por el río.

II.
Desde niños nos enseñan a callar.

Las preguntas silenciadas resuenan
como un coro de fantasmas.

III.
Los que conocen la muerte
saben que no hay porqué.

No hay nunca una razón para la muerte.

IV.
¿Qué sabemos de la vida
cuando la muerte nos sorprende?

                        Nada, nada, apenas nada.




lunes, 19 de enero de 2015

Dos amaneceres


El primero, el día que abre el año, restos de espinas recientes y olvidadas, pero dentro, que arrastra el flujo de la sangre en constante renovación – esfuerzo de voluntad. En la isla, la casa, nacer de mar a mar –cristal agua de invierno– perseverar, hasta despertar a la sirena.

El segundo, tiempo soleado, el pájaro cerca del nido en el jardín. Una en los pasadizos, guiada por las velas que alumbran el pálpito de un aliento en la hierba. Las palabras, atmósfera. ¿Dónde quedó?¿Qué traigo? El temblor, la nausea que atraviesa. Una niña que llora todavía. Otra que camina.  

martes, 25 de noviembre de 2014

Hasta que la muerte nos separe

Consortes,D. Úrsula M. R. y Don Julio S.F.,87 y 94 años,fallecidos el 8 y 9 de mayo, respectivamente…

Tenía que pasar algo así.  El martes, creo que fue, sí, que era día de mercado, cogieron juntos el tren. Ella se quería ir sola, el marido ya andaba muy mal, pero los años le habían vuelto aún más terco y no hubo manera. Se iban para conocer a la primera nieta, ¿sabe?, la iban a llamar Úrsula, como ella.

La Úrsula venía del Norte, de pueblo de mar. Algunos todavía la llamaban forastera, a pesar de que llevaba aquí toda la vida. Llegó de niña, ya crecidita, a cuidar a una pariente. Luego conoció al Julio y al poco se casaron. Todavía me acuerdo de ese día. Nos cayó una buena tormenta cuando estábamos en la iglesia y al salir tuvimos que quitarle el velo para que no se ensuciara de barro. Parecían una pareja del cine. El siempre fue buen mozo y ella con esa melena rubia y ese figurín ¡parecía un maniquí!

Entre nosotras, no creo que estuviese muy enamorada. Pero dicen que su madre no le permitió volver a casa. Ya tenía suficiente con los hermanos. Tres más, me parece. Y la muchacha no tenía a donde ir. Eran tiempos difíciles. Acababa de terminar la guerra y había poco que comer.

Desde el principio, le costó adaptarse. La Úrsula era muy diferente a las chicas de por aquí. Durante la semana, cuando él marchaba a trabajar a la ciudad, acostumbraba a pasear por el prado. Cantaba, a veces. Pero la mayoría andaba silenciosa, con la mirada perdida al frente. A mi me daba pena verla tan sola. Algunas tardes, si podía, me acercaba, como de casualidad, a la fuente donde siempre paraba a beber agua,  y nos quedábamos de charla un rato. Al principio, apenas cruzábamos cuatro palabras de cortesía. Luego se convirtieron en cuatro frases, pero siempre como de compromiso. Hablábamos de lo bueno o lo malo que estaba el tiempo, de que las naranjas se habían puesto muy caras, del sermón tan largo que había dado el cura el último domingo de misa…  

Un día cuando llegué estaba llorando mucho. Ni me miró, y yo me asusté, parecía otra.